Como pueden imaginar, el precio de una pinta puede oscilar dependiendo de distintas variables: la situación geográfica, el tipo de cerveza, la avaricia del propietario, e incluso el día de la semana por nombrar solo algunas. Encontrar una cifra promedio es una tarea ardua, pero no imposible, de hecho, la conocida web y guía de pubs de Dublín: Publin no solo nos da el ‘número mágico’, sino que han ido un paso más allá: inspirándose en el icónico cartel que ven aquí al lado y que suele estar presente en muchos pubs irlandeses (el precio de una pinta de Guinness entre 1900 y 1982), ha realizado un estudio comparado sobre el valor monetario de una pinta desde los años 20 del siglo pasado hasta la actualidad y los resultados son sorprendentes.28 abril 2015
¿Cuánto cuesta una pinta de cerveza en Irlanda?
Como pueden imaginar, el precio de una pinta puede oscilar dependiendo de distintas variables: la situación geográfica, el tipo de cerveza, la avaricia del propietario, e incluso el día de la semana por nombrar solo algunas. Encontrar una cifra promedio es una tarea ardua, pero no imposible, de hecho, la conocida web y guía de pubs de Dublín: Publin no solo nos da el ‘número mágico’, sino que han ido un paso más allá: inspirándose en el icónico cartel que ven aquí al lado y que suele estar presente en muchos pubs irlandeses (el precio de una pinta de Guinness entre 1900 y 1982), ha realizado un estudio comparado sobre el valor monetario de una pinta desde los años 20 del siglo pasado hasta la actualidad y los resultados son sorprendentes.24 enero 2014
Los top de destinos irlandeses según los usuarios de Tripadvisor durante 2013
A la hora de planear un viaje es natural que escuchemos sugerencias de personas que ya han estado en el lugar y mejor aún incluso si accedemos a todas las recomendaciones juntas, ordenadas y al alcance de la mano a golpe de click. Tripadvisor es posiblemente la más útil y conocida de las webs donde los viajeros dejan sus opiniones sobre los destinos visitados y lo mejor es que cada año el portal hace un listado que reúnen los lugares con más votos positivos según los usuarios. De estas clasificaciones he extraído las que nos interesan, las correspondientes a Irlanda. Aquí ya de nada sirven los datos estadísticos de las atracciones más concurridas del país, ahora lo que cuenta es el sabor de boca que deja cada sitio una vez se le ha hincado el diente ya sea este un rincón determinado, una ciudad, un parque o un museo y, sin olvidarnos de hoteles y restaurantes (eso sí, para los dos últimos más vale que vayan con un presupuesto holgado). Aquí van pues los listados de lo más de lo más en Irlanda…
25 septiembre 2013
20 curiosidades que tal vez no sepas de la cerveza Guinness
Ya se sabe que Guinness en Irlanda más que una cerveza, es todo un símbolo nacional. Más de 250 años de historia no dan solo para convertirse en parte de la identidad del país, también lleva implícita multitud de curiosidades, algunas de ellas son vox populi, pero otras son más oscuras que el propio líquido…
18 diciembre 2012
Receta Navideña: Trufas de chocolate y Baileys
Si queremos darle un toque ‘irlandés’ a alguna de nuestras recetas dulces para estas fechas, el Baileys siempre es una buena opción y además casa perfectamente con el chocolate, así que nos olvidamos un un poco de las calorías y nos dejamos tentar por un ‘pecado’ como las trufas…
La elaboración es sencillísima.
Ingredientes
- 125 gramos de chocolate
- 100 gramos de mantequilla
- 30 gramos de azúcar de repostería (ojo que NO es azúcar Glass)
- 1 yema de huevo
- 2 cucharadas de Baileys (se puede añadir un poquito más para darle un puntito, pero cuidado de no pasarnos porque echaríamos las trufas a perder).
- Fideos de chocolate (para recubrir) o cualquier otra cosa que nos apetezca: almendras en trocitos, cacao en polvo, coco rallado, ….
Preparación
Se parte el chocolate en fragmentos no muy pequeños y se vierte en un bol, se le añade el azúcar, la mantequilla y un pelín de agua (una cucharada) y se pone todo al baño María removiendo con frecuencia hasta que se derrita por completo el contenido.
Luego se deja enfriar un poco (lo suficiente para que la yema no se cueza), se le añade ésta junto al Baileys y se remueve bien para que todo quede bien mezclado. (La yema solo ayuda a ligar los ingredientes, el sabor no se nota en absoluto).
Se deja enfriar la mezcla y después de una hora debería tener el aspecto de una pasta sólida pero amoldable, entonces ya podemos darle la forma a las trufas. Simplemente cogemos porciones del tamaño que nos plazca y vamos haciendo bolas que tampoco tienen porqué ser perfectas, de hecho, un poco irregulares haría que se asemejasen más a las trufas naturales. Un truco para que la pasta no se nos quede pegada a las manos es disponer de un cuenco con un poquito de agua para humedecernos los dedos entre bola y bola y así el proceso se hace menos fatigoso.
Cuando las pelotitas estén hechas, las bañamos con los fideos de chocolate o la cobertura que hayamos elegido y ya está. A la nevera con ellas. Las sacamos 10 minutos antes de consumirlas para que la textura sea la idónea.
Seguro que si sigues todos los pasos correctamente, las trufas ‘irlandesas’ quedarán riquísimas y te saldrán amigos hasta de debajo de las piedras…
25 agosto 2012
Hot toddy: el remedio irlandés para los resfriados
El Hot toddy es una bebida que tiene su origen en Escocia, pero que como en tantos otros casos, ha acabado casi por hacerse más famosa en Irlanda que en el país que la inventó, algo que tampoco es tan raro entre estas dos tierras que comparten tradiciones.
Los ingredientes de este combinado milagroso son en esencia: agua, miel, limón y whiskey.
La preparación es bastante sencilla: mientras se pone el agua a hervir, en un tazón se vierte el whiskey -más o menos el equivalente a un chupito-, y a este se le agrega un poco de miel, un chorrete de limón y por último el agua hirviendo. Hay que tomarlo así, como indica su nombre …calentito.
Digamos que esta es la receta estándar, pero hay multitud de variantes, una de las más famosas es la de incorporar alguna especia para darle sabor (generalmente clavos). Si se pide en un bar suelen servirlo con una rodaja de limón dentro y los clavos incrustados en ella (suena un poco a pijada, pero es importante, porque tragarse un grano de clavo es bastante desagradable). Hay quien prefiere cambiar el limón por naranja, o los clavos por canela o jengibre, o añadir té, o cambiar el whiskey por brandy, tantas combinaciones como puedan imaginar, sin embargo, los puristas dicen que eso acabaría convirtiendo el hot toddy en un ponche, un brebaje o en otra cosa.
Vamos ahora con las propiedades medicinales porque, aunque como combinado no está mal y hay gente que se lo toma solo por el sabor, en realidad lo que queremos es acabar con el resfriado (o incluso prevenirlo). Algunos dirán, …pues vaya descubrimiento, este es el ‘miel y limón’ de la abuela de toda la vida, pero en versión irlandesa (con alcohol). Puede ser, pero a parte del gusto local por pimplar, el alcohol también cumple su cometido reparador, aunque no sin ciertas controversias.
Lo que parece científicamente comprobado es que mezclar ingredientes dulces con agrios (miel y limón) estimula la secreción de saliva y mucosidad (la primera línea de defensa contra los patógenos). La polémica surge cuando los detractores del alcohol afirman que este no añade ningún beneficio, sino todo lo contrario, provoca deshidratación, pero se enfrentan al grupo de los defensores del uso del whiskey en su preparación, que se justifican en que la dosis etílica de esta bebida no es elevada, aparte de que mucho del alcohol queda volatilizado al añadirle el agua hirviendo, y además recuerdan su efecto sedante (algo primordial considerando que el momento ideal de tomarse un hot toddy es justo antes de irse a la cama), sin olvidar sus propiedades como ‘potenciador del bienestar psicológico’, lo que también facilita la curación.
Como es difícil no plegarse ante tan convincentes argumentos y porque he probado sus beneficios en mis propias carnes (hace una semana contraje un resfriado vírico galopante y he sobrevivido a base de ‘hot toddies’), me siento en la obligación moral de unirme al grupo de defensores de esta, digamos, ‘receta de la abuela 2.0’, con todos sus ingredientes (incluyendo el ‘agua de vida’). Y por si fueran pocos los beneficios de la mezcla caliente de miel, limón y whiskey, el clavo tiene ciertos atributos analgésicos, con lo que no hay color: elegir la opción tradicional deja a ‘paracetamoles y aspirinas’ relegados a la categoría de meras chuches…
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Que conste que no estoy haciendo apología del consumo de alcohol, …pero con medicinas como esta …¡no me importaría pillar un resfriado todas las semanas…!
20 noviembre 2011
Durrus y el queso
(continuación del post anterior)
Pues habíamos quedado en que hablaría de Durrus, un buen sitio para refugiarse después del realizar el trayecto del Camino de Cabras.
El pueblo de Durrus está fuera de las principales vías que cruzan West Cork, por eso mucha gente que va de paso se lo pierde, pero también es verdad que desde la comunidad se están haciendo esfuerzos considerables para incluirlo como destino turístico y últimamente parece que el trasiego de visitantes comienza a despertar un poco con el desarrollo de tabernas y también de casas rurales.
En cuestión de tamaño, la villa es más bien pequeña, se recorre a pie en menos de media hora, incluyendo las afueras entre las que destacan un muelle minúsculo y, como buen pueblo irlandés que se precie, las ruinas de un antiguo castillo.
Durrus y sus alrededores además destacan por haber heredado un rico pasado arqueológico en forma de enterramientos, fuertes, menhires, pozos sagrados y demás símbolos históricos, sin embargo, como ocurre en otros lugares de la comarca, para encontrarlos hay que tener las cualidades de Sherlock Holmes. Bueno, siempre podemos preguntar a los lugareños o dejarnos guiar por uno de esos postes que se alzan en muchas partes del país y que suelen estar más cargados de señales que un árbol de navidad. Una auténtica muestra de la idiosincrasia nacional.
Con algo así, ¿quién necesita un navegador GPS?
Aparte de los domingos por la mañana a la salida de misa, la vida del pueblo transcurre, como comentábamos, en torno a los pubs, qué raro, ¿verdad? Es así que a lo largo de la arteria principal que cruza la localidad podemos ver a bastantes foráneos, sobre todo si el clima acompaña, practicando el deporte del alzamiento de codos en las terrazas (uno a veces no sabe a quién se puede encontrar disfrutando de una cerveza - incluso una familia de chicharreros-).
Un par de reclamos para entrar y compartir una pinta.
Para que luego no digan que siempre hago publicidad de la misma marca.
Una imagen más en consonancia con el área.
Y para terminar: el queso. La mayor fama de Durrus procede de este producto que se puede encontrar en los supermercados de todo el país aunque también se exporta a EEUU e incluso a Japón. El queso de West Cork es muy popular, pero en concreto el de Durrus se lleva la palma: se elabora de leche cruda de vaca sin pasteurizar, tarda en madurar entre tres y cinco semanas y es de textura cremosa y sabor único. Eso sí, se recomienda que no deben tomarlo ni niños, ni personas mayores, ni mujeres embarazadas, vamos, que no es para todos los paladares porque podría llegar a ser perjudicial para aquellos con las defensas deprimidas. A pesar de todo, el queso de Durrus, como digo, disfruta de gran prestigio y lo avalan multitud de menciones y premios. También hay que señalar que el Queso de Durrus no es una etiqueta de denominación de origen de la zona en general ya que se produce en una única granja. Si quieren conocer un poco más al respecto les dejo el enlace a la página oficial.
Un detalle curioso a añadir es que la señora que inició el proyecto y que todavía está al frente del mismo tiene un apellido muy peculiar: Jeffa Gill…Oye, ¿y si al final resulta que estamos emparentados?
24 abril 2011
Los Huevos de Pascua
La tradición de los Huevos de Pascua es bastante común en Irlanda, aunque no es propia de aquí, sino exportada de EEUU o Reino Unido a través de la tele, cadenas de supermercados, etc. Aunque no es muy común en España, estoy seguro que con el tiempo se introducirá, si es que no se ha hecho ya, y probablemente llegará a consolidarse, como ha pasado con la fiesta de Halloween y otros tantos festejos anglosajones, todo en aras del consumismo.
En teoría, es hoy, en el domingo de resurrección cuando la gente intercambia y regala Huevos de Pascua, que ya han dejado de ser aquellos huevos con decoración exquisita del pasado para convertirse en simples huevos de chocolate o de caramelos. También está la variante de usar animales en lugar de los susodichos objetos ovalados y entre éstos el preferido, según veo en estantes y pastelerías, es el conejo (tan sólo de pensar en un conejo de chocolate y es que se me hace la boca agua).
Como no quiero dejar pasar este día sin compartir uno de estos huevos de Pascua con ustedes, he sacado varias fotos para que se hagan una idea de la tradición (y de las barbaridades de cacao que se pueden llegar a consumir), aunque debo decir que yo he intentado comportarme, con más o menos éxito, teniendo en cuenta que seguro pensaron en mí cuando inventaron la palabra -chocaholic- (un término slang que viene a significar 'adicto al chocolate').
Los hay de elaboración artesanal, por supuesto, pero los más populares son los que sacan las grandes firmas por estas fechas. Los que les presento son de Mars y de Cadbury’s.
Los de tamaño estándar suelen encontrarse dentro de cajas como estas:
El primero me lo compré para mí, el segundo se lo compré a mi casero y el tercero se lo compré también a mi casero porque terminé por comerme el segundo (es que está de viaje y no llega hasta mañana y bueno, …la carne es débil).
Cuando hablo de tamaño estándar me refiero a un huevo bastante más grande que el de una gallina (aunque no como el de avestruz, que ya me gustaría). Como ven, venía acompañado de dos chocolatinas.
La verdad es que no sé porque hay una lata de Bulmers ahí al lado, supongo que para que sirviera de escala de comparación de tamaños. El caso es que no me acuerdo de nada. A propósito, alcohol y chocolate no deben mezclarse.
Para mi pesar, por dentro era hueco.
Al final terminó donde ya se imaginan. Y por cierto, no lo acabé friendo en una sartén, una idea no tan descabellada si se acuerdan de las costumbres culinarias de Glasgow y sus barras de Mars frita.
El Huevo de Pascua de Cadbury era bastante parecido al de Mars, incluso de sabor, aunque al menos tenía una cierta decoración externa con un ‘Happy Easter’ (Felices Pascuas) y venía acompañado de dos huevos de chocolate rellenos de crema (estos hermanos pequeños se pueden comprar durante todo el año…y bien que lo se yo).
Y hasta aquí la empalagosa entrada de hoy. Para los que no les guste el chocolate, ahora que voy para Las Palmas la semana que viene, les adelanto que llevo algo para compartir, aunque me parece que no todos van a poder disfrutarlo debido a su ‘estado’. De momento, no digo lo que es para no matar la sorpresa…
27 diciembre 2010
Dulces navideños
Oficiosamente el periodo navideño comienza sobre el 12 de diciembre y en Irlanda no es muy diferente a otros lados: villancicos, vacaciones escolares, decoración, abetos, exaltación de la amistad, belenes, hordas consumistas que toman las calles y un largo etcétera de emociones encontradas entre las que a veces es difícil inclinarse. Si sobre gastronomía hablamos, aquí se celebra la Navidad de forma parecida a España: grandes atracones que alcanzan su cúspide entre los días 24 y 26, aumento en el consumo de bebidas alcohólicas y también atropellos masivos a la hora de comprar alimentos en el supermercado (comida de la que como en otros lados se terminará por tirar la mitad). Es una obviedad señalar que en este país, como en otros anglosajones, el producto estrella es el archiconocido pavo.
A mí me gusta la comida, me encanta, pero si hay una razón por la que a mediados de enero la báscula señala entre 2 y 3 kilos más, esa no es otra que los puñeteros dulces (en todas sus variantes, con especial predilección por el chocolate).
En Irlanda no hay un surtido tan amplio de chucherías navideñas como en España en donde se disfruta de turrones, peladillas, polvorones, hojaldres, roscos de vino…y la lista podría seguir hasta el aburrimiento, pero la isla Esmeralda ( y las islas británicas en general) también gozan de su pequeña colección de género azucarado ( en donde llama la atención que la base de ésta es en esencia la fruta, a diferencia de nosotros que le damos más importancia, por ejemplo, a las almendras).
Hay algunas más, pero vamos a nombrar brevemente los más conocidas golosinas navideñas que se pueden disfrutar por esta región.
Empiezo por un par de variedades que se suelen tomar entre horas.
Con este nombre, o ‘minced pies’, también se conoce a las empanadas de carne picada, pero en Pascuas, se convierten en pequeños pastelitos rellenos de una especie de compota de frutas (normalmente manzanas o ciruelas), con pasas y canela u otras especias.
Alternativamente se pueden acompañar con queso entre otras opciones, pero lo que si es obligatorio es servirlos bien calientes.
Como en todo, hay un buen número de variedades y por lo general, son de muchísima más calidad los caseros, o los que se venden en pequeñas pastelerías (como estos que degusté en Escocia).
Christmas Cake
El Christmas Cake, o pastel de navidad, es de bastante más envergadura, consistencia y conlleva mayor elaboración que los Mince pies.
De nuevo hay muy distintos tipos, pero siempre con la riqueza en frutas (cerezas y pasas de diferentes variedades). A veces, van recubiertos de una capa doble de azúcar y mazapán. (el ‘ladrillo’ de la foto da para dos o tres días).
Dejando a un lado los ‘aperitivos’ o comidas ‘entre horas’, pasamos a hablar del plato fuerte, el postre por excelencia de los menús del día 25 y el auténtico rey de las golosinas navideñas. Este si que tiene miga, nunca mejor dicho, porque en preparar uno siguiendo la receta tradicional se pueden tardar semanas e incluso meses (hay gente que los elabora en su casa de un año para otro, y no es broma).
Lleva entre otros ingredientes: harina, a veces también pan, azúcares, frutos secos, huevos, frutas de distinto tipo: naranjas, limones, manzanas, especias: canela, nuez moscada y más, mucho más…
Se realiza en distintas fases donde se forma una masa que se calienta y se riega con alguna bebida alcohólica para luego dejarla macerar, a la vez que se van añadiendo más componentes y se repite el proceso varias veces. La confección es lenta y conlleva mucha paciencia.
En el momento de servirlo hay que calentarlo una vez más y darle un generoso chorretón (prácticamente una inmersión) de brandy.
La mayoría de la gente los compra ya hechos, como es lógico, y este de aquí arriba, que descansa en un cuenco de tamaño medio (tipo desayuno), pesaba más o menos un kilo (está claro que no se puede digerir de una sola vez, pero imagínense el ‘sacrificio’ de atacar este conglomerado infernal después de una panzada de pavo). Bromas aparte, es un plato diferente y realmente exquisito.
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Todavía no hemos acabado:
Un festín navideño en Irlanda (y considerando que no todo el mundo puede agenciarse con una botella de estraperlo de poitin), no podría acabar sin un tonificante (más aún) como podrían ser un café o un whisky, o mejor todavía, un café irlandés (también hubiese valido una copa de Baileys).
Aquí les dejo la receta (en el apartado de café) y me comprometo a hablar profundamente en el futuro de ésta y otras bebidas, pero de momento, es hora de hacer un paréntesis…
Un pequeño descanso hasta que dentro de unos días regrese a Gran Canaria y me sumerja en toda la parafernalia navideña de nuevo. Que alguien se apiade de mí…
24 diciembre 2010
Algunas curiosidades del viaje a ‘Caledonia’
Termino los posts referentes a Escocia con unas cuantas fotos peculiares y alguna cosilla que se me había quedado en el tintero.
Comienzo por este cartel que encontré en una de las estaciones de trenes de Glasgow y qué me resultó muy llamativo porque estaba traducido tan sólo al español.
Algo que no había mencionado es que el sistema de billetes de tren en Escocia (como en muchas partes de Inglaterra y Gales) funciona de forma ligeramente diferente a la que conocemos. Se puede optar por adquirir el ticket en ventanilla o en las máquinas expendedoras, o bien, pagar directamente durante el trayecto (se le compran los billetes al revisor en el momento en que te lo pide) – No hay sistema de multas (aunque también es justo decir que si se elige la segunda opción, los precios son más elevados). Normalmente yo los conseguía de antemano por ahorrar (pero si sospechaba que el tren iba a ir petado, me arriesgaba y más de una vez me salió bien). Fue un poco mi pequeña ‘venganza’ por todas las incomodidades ferroviarias que sufrí durante la semana.
Voy a comentar ahora un poco sobre comistrajes pero sin profundizar demasiado en la gastronomía escocesa que es un mundo de platos propios bastante endogámicos y no muy del agrado de todo el mundo (como por ejemplo el porridge o los hagis). A mí me gustan los dos, pero reconozco, que el sabor, sobre todo el del segundo es bastante particular.
En este viaje realicé dos descubrimientos a reseñar, por un lado el ‘Scotch broth’, que es un caldo (ellos lo llaman sopa, pero se parecen más bien a nuestro potaje), bastante denso y servido muy caliente (mano de santo para recobrar la sensación de miembros insensibles por culpa del frío). Por alguna razón, el ‘broth’ de lentejas era el que más recurrido (a mí me encanta el potaje de lentejas, así que por esa parte estuve de suerte).
Una foto de uno de los Tea Room de la Milla Real de Edimburgo donde me zumbé más de uno de estos caldos.
Clarinda’s creo que se llamaba el sitio. Un lugar bastante recomendable ya que a pesar de su aspecto un tanto femenino-vintage, por un precio bastante módico, puede uno almorzar como un rey.
El segundo descubrimiento es el refresco nacional escocés (hablo de brebajes sin alcohol, evidentemente), el Irn-bru, una bebida que se vende como ‘rica en hierro’ y que tiene un sabor que no sabría describir muy bien, ni naranja, ni mandarina, ni limón…pero como una mezcla de los tres. Está bastante rico.
Tengo entendido que las grandes cadenas de comida rápida tuvieron que incorporarlo a sus menús para evitar ‘revueltas sociales’. Así de famoso es el Irn-bru en Escocia.
Y si de alcohol toca hablar, pues dejando a un lado las grandes bebidas espirituosas y, dada la época, no me quedó otro remedio que entrar en calor a base de ‘mulled wine’, la versión anglosajona del glühwine, ese vino especiado y servido caliente que alegra cualquier corazón. Allí hacen su propia mezcla añadiéndole miel
Otra característica que constaté de Escocia es que son unos golosos de cuidado, algo que no debería ser una sorpresa procedente de los inventores de la mermelada. Chocolatinas, tartas, magdalenas, pasteles y toda una gama de productos azucarados donde no falta la imaginación y donde siempre parecen ir un paso más allá.
De los famosos ‘short bread’ (esos mazacotes sólidos hechos al estilo de las galletas de mantequilla), a los que a veces añaden capas de caramelo y chocolate, hasta los fudge (trocitos de dulce de leche) pero enriquecidos con frutos secos o whisky, o las dos cosas. Infierno para diabéticos y paraíso de dentistas.
Ahondando en esa búsqueda de nuevas sensaciones cercanas al límite, decidí que era hora de probar uno de los ‘manjares’ míticos de Glasgow, un tentempié del que oí hablar por primera vez hace bastantes años en un documental de Lonely Planet y del que después de indagar por internet y no encontrar gran cosa, pensé que había entrado a formar parte de las leyendas urbanas.
Les estoy hablando de la ‘chocolatina de Mars frita’.
No fue fácil dar con un sitio donde las ofrecieran, de hecho, nunca están publicitadas, pero bueno, al final encontré un Fish & Chips donde sacié mi sed de curiosidad.
Quitando que la cubierta empanada puede no ser del todo amiga del cacao, a mí no me resultó para nada repulsiva, aunque tampoco es algo que me comería todos los días. La textura y el sabor es lógicamente parecido al del caramelo y chocolate calientes y la ventaja es que después de una de estas, la reserva calórica queda satisfecha por unas 5 ó 6 horas.
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Cambio de tercio para compartir con ustedes algunas fotos surgidas del clima y del frío y que a mí me resultaron curiosas o divertidas.
Hay gente que incluso para realizar una gamberradilla puede llegar a ser muy original.
Ahora les muestro un mini quitanieves para aceras en las calles de Edimburgo.
Aspecto que queda después de pasar el quitanieves…(Aún estaba nevando así que aún el ‘slush’ no había hecho acto de presencia).
Una media hora después el personaje había evolucionado (‘la gente puede ser muy ocurrente para hacer daño’).
En Escocia, en muchos edificios oficiales y museos, sobre todo en Edimburgo, es normal ver a hombres vestidos con el ‘kilt’, otra cosa es que lo hagan en invierno que suelen sustituirlo por pantalones estampados con el ‘tartán’, de todas formas y aparte de los gaiteros que desafiaban el clima como si tal cosa (ole sus cojones faldas), alguno que otro si que llegué a ver, como este que cruzaba la calle a todo meter.
Les dejo la auténtica apariencia de la estatua por si les picaba la curiosidad (Está tomada 3 días más tarde y si se fijan bien, aún se pueden ver los ‘ojos’ desparramados por el suelo).
Termino con una foto curiosa encontrada en una de los muros de la Universidad de Glasgow (puede que pertenezca a alguno de mis ancestros de la ‘rama escocesa’).
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Y aunque no tenga nada que ver con la entrada me despido con esta foto.
21 julio 2010
Inglaterra - 3ª parte. Manchester
La historia de Manchester se remonta también a la época romana, pero su renombre y gloria proceden de los finales del s. XVIII con la revolución industrial, nacida precisamente en esta área de Inglaterra. La ciudad se desarrolló gracias a las máquinas de vapor y la industria textil, hasta convertirse en la poderosa urbe de hoy en día, donde el algodón y los telares han dado paso a las boyantes empresas automotrices, medios de comunicación y a un distrito financiero de primer nivel. Manchester es además referencia en actividades culturales, científicas y deportivas (el fútbol copa un importante lugar dentro de este último ejemplo).
Si contamos todos los aglomerados urbanos de alrededor, la población de Manchester pasa de los varios millones, pero si nos centramos estrictamente en lo que es la ciudad en sí, los habitantes no llegan al medio millón, más o menos como su vecina Liverpool, a la que se une tanto por tierra como por agua (canales), lo que en la práctica permite a Manchester disfrutar de puerto. Manchester y Liverpool, ambas se necesitan, pero no pueden ocultar su rivalidad, una relación eterna de amor y odio.
Ahora nos vamos con una visión muy superficial de los que es Manchester en imágenes (las fotos, pésimas, no le hacen justicia):
Es importante añadir, que el centro y los lugares de interés se pueden recorrer perfectamente caminando, las distancias no son un problema, no obstante, hay un microbús que realiza un recorrido circular y que resulta bastante práctico, sobre todo para unir la estación de trenes con las áreas comerciales. Los tranvías, pequeños pero eficientes, hacen una labor similar. Tanto microbús como determinados trayectos del tranvía son gratuitos.
Como toda ciudad que se precie tiene su propia catedral (ésta es de estilo neogótico).
Esta es la gigantesca biblioteca de referencia, edificio curioso, muy cercano a la increíble galería de arte de Manchester (también gratuita).
Los museos públicos del Reino Unido no suelen cobrar entrada, aunque aceptan gustosos cualquier contribución (pero nunca es obligatoria).
Esta foto está sacada en el exterior de otra biblioteca (la John Rylands Library), un recinto que por fuera parece una iglesia (y por dentro también). Una parte está acondicionada como centro de exposiciones y entre los objetos más valiosos que posee se encuentra el 'fragmento de S. Juan', el original más antiguo del Nuevo Testamento.
Y lo mejor de todo (seguro que lo adivinan), también era gratis.
En la cafetería de la biblioteca (hay que apoquinar, no todo el monte es orégano), probé por primera vez un dulce típico de la región llamado 'Eccles cake'. Es como una galleta grande y muy voluminosa rellena de frutos rojos como las frambuesas y las grosellas (a partir de ese momento me resultaron adictivas, de hecho, las busqué en un supermercado para traerme unas cuantas antes de regresar a Irlanda).
Albert Square y Ayuntamiento
Manchester es una ciudad multicultural y que congrega todo tipo de etnias y comunidades, algunas de ellas muy numerosas como los chinos.
Aquí, la puerta de entrada al China Town.
Calle comercial del centro.
El Manchester Eye
Las tabernas no pueden faltar. Aquí un ejemplo de dos pubs unidos como si fueran uno: ambos edificios con vistosas fachadas del estilo 'blanco y negro' ya comentado (créanme si les digo que la belleza está en el interior).
No puedo acabar esta entrada sobre Manchester sin mencionar la buena gastronomía, desde los restaurantes más exóticos hasta los lugares más clásicos. Y me quedo con esto último porque una de las tardes que estuve allí me fui a un hotel a disfrutar del popular 'afternoon tea', una costumbre muy 'british' pero llevada hasta el extremo.
Para empezar, hay que reservar mesa un día antes porque todas las tardes se abarrota y no hay que vestir de etiqueta, pero casi (con vaqueros desde luego no te dejan pasar).
Me vi sentado entre grupos de bulliciosas ladies cincuenteras para arriba y me prepararon una mesa con varios manteles para mí sólo. Las camareras traen una torre con distintas bandejas de las que hay que ir dando cuenta siguiendo un orden litúrgico: primero, los sándwiches (variados, de jamón, de queso, salmón y otras delicias), luego hay que tomarse el té con los pasteles (abiertos por la mitad con mucha mantequilla, mermelada y nata fresca del día). De la bebida no hay que preocuparse porque el té te lo traen por carretillas, hasta que te aburres. Por último, cuando ya estás reventado, hay que aniquilar un buen surtido de trozos de tartas diferentes.
Salí de allí con el cinturón aflojado, arrastrando los zapatos y haciendo hueco a base de suspiros estomacales.
En contra de lo que se podría pensar, la factura no fue de las gordas, me salió como a 14 euros al cambio, bastante económico considerando que al ser a las 3 de la tarde maté de un tiro el almuerzo y la cena (fui incapaz de probar bocado hasta la mañana siguiente).
Me despido de esta ciudad tan amante de la cultura y los deportes que se rinde a la combinación de arte y fútbol sin disimularlo.
Panel gigante en la estación de trenes (publicidad de Sky TV, el equivalente anglosajón a Digital +).
"...Bebiendo del sol de la mañana,
parpadeando ante el sol de la mañana,
sacudiéndome el letargo,
pesado como una pistola cargada.
¿Qué hizo que me comportase así?
Usando palabras que nunca menciono,
creo que sólo puede ser amor.
De todas formas,
parece que va a hacer un día precioso..."
One day like this - Elbow